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martes, 20 de enero de 2026

Tres tunantes lidiando con el pasado

 

La violencia de hombres reputados

 

Uno de ellos fue considerado capitán de la Transición, el segundo ejecutor de la misma, y el tercero les cantó ¡hey!  a los otros dos.

Del segundo sabíamos que era un seductor y que enloquecía a las mujeres, pero no fue hasta hace bien poco cuando conocimos su destreza en el dominio de la seducción con mujeres jóvenes a su cargo. El Seductor se lo tenía muy callado y como hombre reservado y pudoroso, no hacía gala de su capacidad amatoria en público. Se reservaba los ardores para momentos de intimidad; esos que el fragor de la política le permitía, y eran contadas las ocasiones,  o eso creíamos, pues era muy grande el peso de la responsabilidad que tenía,  por encargo del Capitán, para poder dar rienda suelta a su fogosidad.

Solo el Seductor ha fallecido, los otros dos andan por los ochenta y tantos. Vivitos y coleando, dando batalla a quien quiera planteársela.

De los tres, el Capitán  fue el que más mujeres tuvo a sus órdenes por razones de imperio, señorío y autoridad casi divina. Igual que el Cantante, dispone de fondos guardados en paraísos fiscales y rinde cuentas ante Hacienda solo un poquito; solo para que le perdonen el muchito que reparte entre su amplia y variada prole.

Son innumerables los episodios de violencia contra las parejas, novias, amantes y amigas íntimas que ha tenido el Capitán. Lo más triste para quienes le conocemos, que somos muchos, es saber que tampoco su santa esposa se libró de recibir un plato lanzado al aire en un momento de rabia marital. Su impulso de machismo exacerbado se manifestó de varias maneras en las que, al mismo tiempo, parecía pedir disculpas para seguir haciendo de las suyas. Intolerable, pero varios mandatarios que sucedieron al Seductor en el cargo de implementar las ideas del Capitán lo consintieron y lo disculparon. Imperdonable.

Y con todo lo que teníamos y ya habíamos descubierto y sufrido de estos dos personajes públicos va y nos viene la noticia contra el Cantante, ¡hey!

Conocido en todo el mundo, más internacional que las otras dos figuras patrias, multimillonario y abusón sin miramientos. No escondió nunca lo que imaginábamos de él: manoseador, violento y machista. Besó en público ante las cámaras de televisión a cientos de mujeres. Unas se dejaron hacer y otras protestaron. Las que se dejaron hacer no quiere decir que no estuvieran estupefactas por desear, por un lado, y rechazar su falta de límites, por otro. La falta de respeto y educación no le era a él exigible a pesar de ser un reputado cantante, admirado en todo el mundo. Es un hombre y con eso basta. Las mujeres, por su parte, tenían como hándicap la cultura que les impone el mandato de sentirse deseadas, para ser consideradas personas aceptables.

Todo esto el  Cantante lo sabía, como se desprende de las declaraciones de dos mujeres, ex empleadas suyas, que le denunciaron. Lo sabía pero se sentía con derecho al abuso y a la violación porque es rico, hombre y famoso.

El Cantante puso a España de nuevo en los titulares de los medios de comunicación de todo el mundo. Y van tres. Los tres españoles, reputados socialmente, admirados en su día; por razones fiscales viviendo fuera de España, uno de ellos, por razones fiscales y algo más, el otro. Es tiempo de que se haga justicia. Esa de la que se dice “somos iguales ante la ley”.

 

 

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