Después de la entrevista en TVE
A la
mayoría del electorado que vota habitualmente a los socialistas, las respuestas
de Zapatero sobre el proceso que le implica en varios delitos, le habrá gustado
sus respuestas.
Fueron
preguntas independientes, mordaces y ajustadas a las noticias que rodean a su
procesamiento. Pero en las contestaciones hemos visto al Zapatero auténtico, al
noble y bienaventurado hombre de paz y amor que siempre desprende su presencia.
Las
gentes de buena fe ya suponían lo que iba a decir de las joyas. Ocurrió tal
como dijo: las almacenaron allí sin saber qué hacer con ellas, sin pretender venderlas
ni traficar con ellas. No querían usarlas y, cuando fueron encontradas, se
acordó de la decisión que se debería haber tomado y no se tomó en su día.
El
tema tan llamativo de las joyas sirve para vapulear a una persona inocente.
Inocente, si, con sentencia o sin ella, Zapatero es inocente. Es un blanco
fácil pero él no lo sabía. Le bastaba con pensar correctamente y esperaba que
con ello vendría añadida la confianza de la gente y de las instituciones del
Estado.
El
caso de las joyas le gusta mucho a sus oponentes porque indican al ladrón que
todos son de su condición. Y aquí se ha visto claro que no. Es ridículo pensar tal cosa. Pero también deja
en ridículo a una persona decente como él, que cayó en una situación insólita e
insostenible.
Y
digo decente porque Zapatero no ha cambiado. Por muchos indicios que reúnan en el
proceso inculpatorio, la persona es la que es. Más allá del juicio, de los años
que quedan de perjuicio, a la gente de buena voluntad le dará igual una
sentencia que otra. Verá en él al presidente que fue y se sentirá identificada
con el inesperado destino que se le ha presentado.
Dijo
bien, ya no se puede ver o comunicar con los amigos sin tener en cuenta que lo
dicho, escrito o dibujado aparecerá mañana en los medios de comunicación porque
un juez está investigando en nuestro trastero si tenemos objetos de valor sin
declarar, por ejemplo.
Muchas
personas que no están en el día a día de la política se preguntan cómo es que
un partido o una organización de determinada ideología pueden presentar
denuncias en los juzgados contra personas conocidas o no conocidas.
Las
filtraciones a la prensa, unidas a lo anterior, hacen pensar que estamos ante
una crisis de la justicia como nunca antes hemos vivido.
La
ciudadanía espera de los tribunales que se ocupen de los delitos que perjudican
a la gente, que persigan el delito, si, pero no porque los autores sean
personas de reconocido prestigio y que, además, pertenezcan a determinada
ideología.
Zapatero
pagará su pena. Lo hará de una forma ejemplar para muchos de sus seguidores. Es
de esperar que le cambiará la vida después de lo está atravesando, pero su
fortaleza y su creencia en la honestidad marcará el
estilo de su penitencia.
©
Áurea Sánchez.
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