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jueves, 13 de agosto de 2026

Ante el eclipse solar de ayer

 

Yo, me quedé en casa

 

Los medios de comunicación y las redes sociales ardían estos días pasados. La gente alquiló coches para irse a las afueras de las ciudades. Se reunieron con grupos de amigos en los sitios más comentados para ver el eclipse que, se decía, se propagaba, era único en nuestras vidas.

Había gafas por todas partes, se vendían en tiendas de óptica y también se regalaron desde instituciones como ayuntamientos. Las gafas para ver el eclipse llegaban a las casas y a las manos invitando a participar en el gran evento espacial. Eran un bien útil y saludable. Necesario. Como necesarias fueron las mascarillas durante la pandemia.

No acudir ayer a algún lugar alto y bien orientado al oeste era de gente rara. Había que presenciar el fenómeno astral único en más de un siglo en la península Ibérica. Pero luego indagando tenemos que ha ocurrido un eclipse parcial en el año 2005; y el último ocultamiento total se pudo observar en el año 1959 desde las Islas Canarias.

Adultos y no tan adultos parecían abducidos por el hecho que se daba a conocer y se difundía con la antelación suficiente para ir incrementando el interés día tras día.

Ya por la mañana los autobuses tardaban más de lo habitual en llegar a las paradas, los usuarios parecían presos de un afán inexplicable. Y todo ocurría en plena canícula, con la enésima ola de calor sobre nuestras cabezas. Así de asfixiados y con el agua racionada por la sequía, se acercaba el eclipse para más emoción y caos veraniego.

Hubo gente que se quedó en casa. La opción de organizar algo alternativo cobró fuerza entre los que preferían no dejarse llevar por la corriente. Habrán ganado en tranquilidad por no arriesgar a dañarse los ojos, o porque no se fiaban de las gafas ¿homologadas, quien sabe?,  o porque había que llevar la contraria, que también está bien en ciertos momentos de marabunta urbana.

A la vuelta del verano, o ya hoy mismo, estaremos haciendo balance. Y puede que surjan los problemas por ese gasto de las administraciones en gafas fabricadas en no sé dónde. ¿Eran un producto imprescindible? Seguro. ¿Hubo intermediarios y comisionistas sospechosos en las adquisiciones? Habrá que comprobarlo.


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