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lunes, 26 de septiembre de 2016

La crisis del PSOE y la gobernabilidad de España

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miércoles, 2 de marzo de 2016

El debate de investidura: entre Pedro Sánchez e Iglesias Turrión


Si a valoración de intervenciones se refiere el debate, Pedro Sánchez obtiene un nueve mientras que Iglesias Turrión no pasa de un seis. Fueron los dos grandes protagonistas en el Congreso de los Diputados en el segundo día del debate de investidura. El candidato a presidente necesita la abstención de Podemos para resultar investido, y por ello convirtió a los de color morado en su objetivo principal.
Buena estrategia la llevada a cabo por el líder socialista, bien aconsejado, como el mismo Iglesias Turrión ha reconocido. Eso fue lo novedoso. Lo demás nada nuevo. Todo se sabía de antemano.
El centro de este debate se ciñe a saber si gobierna Pedro Sánchez o si seguimos con  Mariano Rajoy.
La alusión a Felipe González y los enterrados en cal viva fue una de las caídas del líder de Podemos. Se ve que quiere ocupar el espacio político e histórico del PSOE por ello no dudó, además de mencionar para intentar aniquilar el pasado reciente glorioso de los socialistas, en quitarle la S y la O, dejándolo solo con las de PE, Partido Español. Le tiene ganas y se nota.
Se mostró pequeño, muy pequeño, Iglesias Turrión, y no solo de estatura. Nos queda mucho que ver de él, pero de momento, no está ofreciendo el juego parlamentario que se podría esperar en las Cortes. Las instituciones tienen su ritmo y su ritual, y el recurso a la gente de la calle y a los descontentos puede que tenga un limitado recorrido, y lo veremos en los próximos meses.

El que repartió el juego, y que se propone mediar entre los dos, Ciudadanos, pidió no estar en un hipotético gobierno en el que sea ministro de Interior Arnaldo Otegui. Lo dijo mirando a Iglesias Turrión un Albert Rivera quien recordó que hay motivos para la indignación pero que él prefiere optar por estar ilusionado. Ser útil o importante. Hay que elegir, dijo Rivera. Buena defensa del acuerdo firmado con los socialistas.

lunes, 25 de enero de 2016

LA SITUACIÓN POLÍTICA


Ante la situación general que estamos viviendo tras las elecciones del pasado día 20 de diciembre, no cabe otra solución que formar la gran coalición de los dos partidos clásicos. La circunstancia es bochornosa tras el ceda el paso que ha dado Mariano Rajoy y el juego de “teatrillo” que están protagonizando los de Podemos.
Si el juego de fuerzas se ejecuta sobre un tablero de ajedrez, Pedro Sánchez tiene todas las de perder, pero debe optar por una pérdida menor para seguir a flote. Para ello deberían comprometerse en la tarea de partido la baronesa y los barones socialistas, que tanto han dado que hablar estos días.
Los hijos que el Partido Socialista Obrero Español no ha tenido por dejación de sus  líderes de años atrás, estancan la situación y pervierten el futuro. El sistema que estos jóvenes y sobradamente preparados critican y quieren derribar, es el que sustenta la economía y el progreso. En el punto donde no se han puesto de acuerdo Ciudadanos y Podemos en los debates, que es, por un lado, repartir lo que no hay, como dice Pablo Iglesias, o, por otro, transmitir confianza para que se pueda producir y repartir después, como dice Ciudadanos, es donde está el quid de la cuestión.
Por eso hay que volver al principio, hacer un esfuerzo de responsabilidad institucional y jugar aunque sea perdiendo, porque la responsabilidad en política siempre da ganancias a largo plazo. La gran coalición es la única garantía de estabilidad política interior y exterior, y cuando toquen las elecciones, la creación de empleo y el crecimiento económico pueden suponer un respiro a los partidos mayoritarios para poder replantear sus políticas y ofrecer nuevas ilusiones al electorado.

Si tienen que retirarse Pedro Sánchez y Mariano Rajoy, que lo hagan, pero las organizaciones que tienen detrás deben, por sentido de responsabilidad, salvar al país de la bancarrota y el desasosiego. Han de saber que no pueden comprometer las limitadas funciones que la Constitución otorga al Rey. Si la baronesa quiere presentarse como líder de los socialistas, que lo haga, pero  los “salva patrias” han dado un fatal resultado siempre. Que lo piense y que deje de tocar las pelotas. Cuanto más habla, más culpable es de la situación creada.

jueves, 17 de diciembre de 2015

UNA APUESTA POR PEDRO SÁNCHEZ


El sentido del voto en las elecciones del próximo domingo va dirigido a un cambio de presidente del Gobierno y, aunque parezca contradictorio, el elegido será el gran perdedor Pedro Sánchez, si se cumplen dos condiciones: que el PP no reúna los votos necesarios con Ciudadanos y que el PSOE sea la segunda fuerza más votada.
El cabeza de lista de los socialistas ha tenido un “cara a cara” con Rajoy digno de pasar a la historia de los debates electorales porque ha respondido a lo que se esperaba de él. No ha tenido errores graves, pese a ser un novato, como le quiso catalogar su oponente. Frente a la inexperiencia, que no es tal, vimos a un demasiado visto candidato conservador que lo ha sido todo en política, y los tiempos mandan otra cosa. Quieren caras nuevas, una de esas tres imágenes de renovación que se presentan es la que ofrece Pedro Sánchez.
¿Por qué el socialista es el gran perdedor y ganador de estas elecciones? Perdedor porque los partidos emergentes le restan votos especialmente a este partido y porque el PP le atiza cuanto puede con la herencia del paro y la gestión de la crisis, con una oratoria que da resultados, aun siendo una verdad a medias. Ganador, porque en la coyuntura que se presenta, es la opción menos mala.
Ciudadanos no debería subir tanto en las votaciones porque, y esto sí que es contradictorio, representa la regeneración falsa, de un partido inexistente, con unas ideas fachas y solo aupado por las élites financieras que provocaron la sangría económica de los más desfavorecidos.
Podemos es el auténtico partido de los perjudicados por la crisis económica y merece un lugar en las nuevas Cortes porque es la voz de los no tuvieron voz hasta el momento.
Después de una crisis económica que han pagado los que menos tenían, no puede seguir gobernando la derecha que representa a los ricos que cada vez son más ricos, y que se enriquecen en tiempos de la crisis. Sería una aberración. Por eso el presidente tiene que ser de un partido de la alternativa al de Bárcenas, Rato y la Gürtel, y esa persona es Pedro Sánchez.



sábado, 14 de noviembre de 2015

PÓNGANLE CARA A ESE MONSTRUO



Nunca como hoy he estado tan de acuerdo con Pablo Iglesias y con Podemos. Subscribo que “la defensa de las libertades no pasa en ningún caso por la venganza”.
Dice el presidente francés, François Hollande, que los ataques de ayer en París fueron un “acto de guerra” del Estado Islámico. O sea, que estamos en guerra y no nos han preguntado si queríamos ir. Si el presidente de Francia ha obtenido el apoyo de su Asamblea Nacional y de la opinión pública, como dice El País, para actuar contra el yihadismo en tres frentes, entonces que nos explique también quién es el diablo que carga el arma de guerra.
Es necesario, que quienes dicen luchar contra el yihadismo por los valores occidentales que compartimos, le pongan cara al monstruo que ataca. Invítenle a sentarse a dialogar. Pregúntele qué desea, cuáles son sus objetivos y qué precio tiene la paz.
La guerra se desata aparentemente por ideologías, pero quien manda ejecutar tiene imperiosas necesidades económicas. La ideología es solo la percha que necesita el atacante y el que se considera atacado para establecer un pacto, por la lucha o por la deposición de las armas. Es hora de saber qué se negocia en este enfrentamiento con Siria e Irak. En este último país se fue a la guerra porque había armas de destrucción masiva ¿recuerdan?

A la espera de que nos informen sobre la verdadera identidad del monstruo engendrado en occidente, el autodenominado Estado Islámico por el momento ha reivindicado los atentados y dice que son una respuesta a los ataques de Francia en Siria e Irak.  Estoy con Iglesias, Europa, y Francia en concreto, enseñaron al mundo los valores de la libertad, igualdad y fraternidad. Quien lo diría.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Un nuevo hombre nuevo


No le falta a este artículo de hoy pasión. No esperéis objetividad, imparcialidad y neutralidad, porque no lo escribo trabajando esas cualidades, al contrario, las cuestiones personales pueden más que todos esos atributos mencionados.
Desde finales de los años sesenta del pasado siglo, me unen a Canadá lazos familiares de gran importancia. Lo que allí ocurre no me es ajeno desde entonces.
Admiro especialmente su capacidad como gran país que es, de guardar silencio y no perturbarse ante nada, especialmente no contaminarse de los defectos que solemos atribuir a sus vecinos del sur. Es una de las grandes potencias y consigue que no se hable de ellos más que en contadas ocasiones como esta.
Admiré y admiro todavía el liderazgo de Pierre Elliott Trudeau, pues supo mantener firme la unión del Estado federal y no cedió  ante los separatistas de Québec, al mismo tiempo que abrió el país a los emigrantes sin que ello suponga una amenaza a la política interna de equilibrios entre culturas. Especialmente logrado es el bilingüismo armónico que allí reina entre el inglés y el francés.
Pero lo que hoy me conmueve es que Justin Trudeau, el hijo mayor de Pierre, se convierta en el 23º primer ministro de Canadá con un Gobierno paritario y después de desarrollar una campaña electoral en la que hizo gala de su feminismo y de su orgullo de apostar por esta política de igualdad entre mujeres y hombres. Sobre el aborto no quiere ser un hombre hablando de cosas de mujeres y dice que es un asunto que ellas deben decidir, porque les afecta personalmente. Trudeau hace a las mujeres mayores de edad, por fin.
En una cadena de televisión escuché que a su partido le denominaban “laborista”. Entiendo el error. Seguro que antes de la denominación leyeron sus proclamas, que coinciden más con la socialdemocracia que con un partido liberal al uso. Véase el ejemplo de la política internacional: retirada de las tropas en la coalición alidada que lucha en Siria y ayudar a los países en guerra con otras estrategias de autodefensa. Al tiempo que se compromete a acoger en Canadá a 25.000 refugiados que intentan reubicarse en la vieja Europa.
Pues bien, tenemos a un nuevo hombre nuevo dirigiendo las políticas del país americano. Un "nuevo hombre nuevo" como los define Miguel Lorente Acosta. El ejemplo cobra fuerza y se hace realidad.