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jueves, 2 de septiembre de 2010

CONVERSACIONES EN WASHINGTON


Deseamos la paz en Oriente Próximo. Sería una buena noticia que al menos se alcance un compromiso de mínimos como el logrado para Irlanda del Norte.

El mejor negociador es el que consigue palabras como las escuchadas esta tarde a los dos máximos representantes del pueblo israelí y palestino. Ahora falta que se establezcan plazos y se demarquen territorios y espacios de convivencia.

El respeto a los derechos humanos tiene que aparecer en el pacto de no agresión pero ni una mención a las religiones. Encomendar a Dios lo que podemos hacer los humanos es un error que nos lleva a otro, y a otro, y a otro error, y al final de todos ellos está la guerra y el desentendimiento.

Que respetamos en nosotros y en los demás, que temas no se pueden argumentar en el proceso de paz y a donde queremos llegar unos y otros. De eso es de lo que deberían hablar los jefes de los dos bandos. Especialmente importante sería dibujar un futuro de paz, mostrar a los contendientes sus ventajas y describir penas para uno y otro si no cumplen o hacen cumplir lo pactado.

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