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sábado, 18 de septiembre de 2010

EL PAPA BENEDICTO XVI EN LONDRES


Gran Bretaña nos sorprende con esta visita de Estado que le conceden al Papa Benedicto XVI. Cinco siglos después de la ruptura de Enrique VIII con Roma, ahora dicen los dirigentes y la Casa de Windsor que quieren borrar errores del pasado y que los cristianos somos todos una misma Iglesia. Parece increíble ver al arzobispo de Canterbury, primado de la Iglesia anglicana, rezando al lado del papa Ratzinger. Igual que el Papa, los Windsor también proceden de Alemania y tienen un pasado turbio que los relaciona con el nazismo.

Unas 15.000 personas protestaron por las calles de la capital británica en contra de la visita del Papa. Reniegan de él porque le consideran consentidor de los delitos de pederastia cometidos por responsables de la Iglesia y porque cae en la hipocresía de no admitir la homosexualidad, también porque no accede al ordenamiento sacerdotal de las mujeres y porque no quieren pagar los impuestos de una visita de tanto rango. La Iglesia católica se distancia cada vez más de la gente y de sus problemas y se acerca a los altares y a la pompa. Quizá es esta puesta en escena del Papa lo que tanto atrae a los británicos, tan dados ellos a la teatralidad y a la representación. Nadie como Roma sabe de puestas en escena en las que se representa el poder en la tierra.

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