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lunes, 16 de enero de 2012

UN HOMBRE EXCESIVO

Fue un político importante en la transición política hacia la democracia y presidente de la Xunta de Galicia durante 16 años. Va ser enterrado en Perbes (A Coruña), junto a su mujer, y no en el cementerio donde reposan sus padres en Vilalba (Lugo), como se dijo en varias ocasiones. Se consideraba gallego más que nadie y la casa junto a la playa de Miño, donde veraneaba, le unía a Galicia y a los suyos, aunque poco tiempo dedicaba a la vida privada. Incluso sus vacaciones finalizaban con la tradicional comida multitudinaria de sus seguidores.
Gregorio Peces Barba decía hoy en la Cadena SER que reconoció en él cierta ternura; una ternura a su manera, señaló. Son incontables las veces que escaqueó preguntas periodísticas sobre su personalidad, los sentimientos y esas características por las que clasificamos a las personas para conocerlas y ver lo que podemos esperar de ellas. Él era un hombre público, una máquina del poder y de la política, un hombre excesivo que se creía en la obligación de gobernar porque se veía favorecido por sus capacidades.
En circunstancias donde hay igualdad de oportunidades, personalidades como la suya pasarían desapercibidas, pero creció sobre la pobreza y la miseria de una época en la que primaban las ocasiones de unos pocos sobre las multitudes sometidas bajo la ignorancia.
A él le debemos las primeras televisiones de los teleclubes nacidos en Galicia en los años 60. Sus biógrafos recuerdan leyes como la Ley de Prensa, pasos adelante que le valieron el calificativo de adelantado a su tiempo.
En Santiago y bajo su mandato como presidente de la Xunta, Manuel Fraga Iribarne promovió la Ciudad de la Cultura, once años de obras y aún sin terminar. Un proyecto considerado faraónico que buscaba ser el máximo exponente de su paso por Galicia. El Ayuntamiento ha conseguido finalmente sacar adelante la aprobación de una calle con su nombre, la que conduce a ese lugar tan polémico, ejemplo de la burbuja inmobiliaria que en la Comunidad Autónoma no ha sabido ver el Partido Popular.
Es posible que fuera tierno algunas veces, incluso con gestos chocantes como el "ven aquí, calamidad", grabado dirigiéndose a su mujer un día cuando ambos recibían a los medios de comunicación en su casa de Perbes. También observé cierta ternura, enmascarada en paternalismo, cuando a pie de la escalerilla del avión de Iberia que nos llevó a La Habana me presentó a Fidel Castro con una frase más cordial de lo que yo le había oído hasta ese momento, "de Televisión Española" señaló mirándome a mí y luego al Comandante. Así me presentó de forma breve y concisa.
La fraternidad con Fidel Castro y la capacidad de ponerse al frente de la Xunta, hablando gallego y asumiendo la cultura que se asociaba a la izquierda y al nacionalismo como algo propio también de él y del Partido Popular, demuestran que era un animal político, un hombre excesivo en todo, pero que supo aprender de los demás y con eso no contaban sus adversarios.

(c) Áurea Sánchez.-

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